
"...Hay que aprender a ver, hay que aprender a pensar, hay que aprender a hablar y a escribir. La meta de estas tres disciplinas es una cultura refinada. Aprender a ver: acostumbrar el ojo a la calma, a la paciencia, a dejar las cosas venir a él, a suspender el juicio, aprender a dar la vuelta a lo particular y a captarlo en su totalidad...”
Eckhart, El aprendizaje de la mirada
El aprecio del dibujo como gesto, preparación y proceso, surge nuevamente cuando la materialidad del objeto de arte atraviesa un reajuste en la década de los sesenta y setenta del pasado siglo. El dibujo se liberó entonces de los confines de la página, expandiéndose a las paredes de la habitación, y alcanzó a revelar la acción del dibujante en performances. Además, continuó utilizándose el lápiz y el papel como medio convencional para transcribir ideas en las obras de arte conceptual. El dibujo prosiguió con los postconceptualistas de los ochenta como medio preferido para convertir acciones artísticas en objetos concretos. Pero en los noventa la situación cambió, afortunadamente, y el dibujo se alejó del concepto de proceso y comenzó a adquirir un valor predominante como obra completa y autónoma.
Esta situación moderna del dibujo debe afectar de varias maneras al aprendizaje del artista. Hemos asistido en los últimos años a una enseñanza del dibujo enfocada tan sólo como instrumento preparativo de la pintura y para el conocimiento de la forma. Era un auxilio en la formación del artista y utilizado en el diseño como medio de comunicación, siendo arrinconado por el dominante uso de la computadora. Las manifestaciones del dibujo arquitectónico, la ilustración y el cómic eran rebajadas a expresiones indignas de llamarse arte. El concepto de ilustración y decoración adquirían un significado despectivo. Se desacreditó la disciplina académica que abarca el dominio de los valores formales del claroscuro, de la proporción, del conocimiento del dibujo anatómico, la figura humana, abandonándose las técnicas tradicionales, privando al alumno, al desconocerlas, de una amplitud de recursos.
El dibujo está en la base de la representación pero no simplemente como un auxiliar artesanal lineal de contorno, sino como un proceso mental involucrando la percepción de la realidad y el método de consolidar sobre la superficie bidimensional o tridimensional las tensiones del entorno tanto en luz y color, formas y proporciones, como en emociones y sentimientos.
Ahora, además, se asiste a una revalorización del dibujo como producto final atendido como obra de arte digna de ser mostrada. Desde la década de los noventa, los artistas vuelven al uso de los materiales tradicionales de dibujo inmersos en una representación figurativa, transfiriendo sobre papel o la pared ideas e historias, metáforas y alegorías de las preocupaciones cotidianas.
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