1 de junio de 2009

Entre ángeles y demonios



El episodio del combate entre ángeles, resucitados y demonios, encierra un significado difícil de descifrar y cuya clave radica en la observación minuciosa de su iconografía.

En una línea vertical, separado del resto, aparece una figura con un ojo tapado. Así como el cíclope Polifemo únicamente veía las cosas del mundo material, los dos ojos representan la naturaleza humana, capaz de dirigir la mirada hacia lo visible y efímero, pero también hacia lo invisible y eterno. De ahí, que quienes hayan puesto la confianza en las cosas del mundo, al final de los tiempos no encontrarán más que eso. En la pintura, la esperanza puesta en la tierra se ha convertido en un dragón verde que muerde el muslo de la figura, imagen de la desesperación.

Si en un vistazo general, el resto de la composición representa un ataque encarnizado de los ángeles, dirigiendo puñetazos a los condenados que intentan subir al cielo; la presencia de los ángeles vestidos de color rojo (amor) apunta un rayo de esperanza, de hecho, se entremeten intentando retener a las víctimas de la caída a los infiernos.

La escena representa el Purgatorio y para Dante, contemporáneo de Miguel Ángel, allí es donde se expían los siete pecados capitales: pereza, envidia, soberbia, avaricia, gula, ira y lujuria. Las prefiguraciones de los pecados se pueden identificar en: la mujer que vaga perdida por el cielo-mar remite a la Pereza; mientras que aquella que se deja coger por el ángel azul de la contemplación está poseída por la Envidia (la raíz latina de invidia es videre-ver, la contemplación es ver con los ojos de la fe); el rostro demacrado, de color terroso y de perfil, con la boca abierta es el de la Gula; el otro rostro oscuro contiguo es el de un hombre airado (Ira) y a su lado un disoluto es atormentado por un diablo que lo agarra de los genitales (Lujuria). El hombre boca abajo del que cuelga una bolsa dorada demuestra ser esclavo de la Avaricia, las dos llaves al lado de su bolsa revelan que se trata de un papa. Por último, el hombre que se encuentra a la derecha de aquel, con la cara aplastada por el pie del ángel, somete su Soberbia al poder de la criatura celestial.




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