1 de junio de 2009

Resucitados


El artista representó de una manera muy personal y con tonos extremadamente dramáticos el tradicional combate entre los ángeles y los demonios por la posesión de los cuerpos de los resucitados. Cabezas sobresaliendo de las hendiduras de la tierra, mortajas agrisadas, caras espectrales con las bocas desencajadas y las órbitas de los ojos vacías, cuerpos desfallecidos que se levantan reptando. La estructura de la composición obedece a una compleja distribución de las masas corporales. Se distinguen dos puntos focales desde los que se proyectan radialmente los distintos personajes.

El primero está situado en el pie del hombre tumbado junto a la línea de horizonte; desde aquí parten tres grupos y entre ellos sobresale el que conforma una pirámide mediante planos yuxtapuestos. En primer plano, un individuo que sale de la tumba mira asombrado a las dos figuras que están siendo arrastradas al infierno por manos diabólicas. En segundo plano, una mujer ayuda a un hombre cuyo rostro denota todavía la rigidez de la muerte; esta pareja puede simbolizar el amor al prójimo mientras que junto a ellos, el resucitado representado como un esqueleto, personifica a la muerte (bajo su sudario aparece el retrato de Miguel Ángel, mirando al espectador). En el último plano, otro esqueleto ya con la cabeza recubierta de carne y una mujer mirando al cielo con un giro de su cabeza contrario al del personaje del primer plano, recurso éste que equilibra y cierra la composición.

El segundo foco está en el vértice inferior derecho, en la banda más baja, cuatro resucitados tumbados están a punto de ser arrastrados a la boca infernal, la distribución de sus volúmenes transmiten al espectador la seguridad de que serán finalmente fagocitados. El siguiente grupo compone una tensa diagonal: un ángel coge por atrás a un cuerpo inane, atado por los talones a una serpiente de la que tira la mano de un demonio. En el último grupo, los cuerpos se enroscan en una línea ascendente extraordinaria: un diablo arrastra a un resucitado prendiéndolo por los cabellos, el desnudo impresionante de la victima es cargado por las piernas sobre los hombros del ángel de la esperanza, mientras el ángel del amor refuerza con sus brazos este vínculo.

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