14 de enero de 2009

3 de enero de 2009

JOSÉ GUERRERO. LOS AÑOS PRIMEROS

“Mejor sordo que ensordecido... Verdaderamente ésta es una época mala para el pensador. Que tiene que ingeniarse para hallar el silencio que le es menester entre dos ruidos y hacerse el sordo hasta que efectivamente llegue a serlo. Mientras no se acostumbre a esto estará en peligro de morirse de desasosiego y de dolores de cabeza”.
Nietzsche

Nos movemos en la sociedad de la inmediatez, de la información instantánea obtenida a golpe de botón y estas circunstancias hacen que la observación, la reflexión y la recreación pausada estén de capa caída por no decir que trasnochadas. Muchas de las obras de arte contemporáneo son de lectura inmediata, se trata de sentir más que de observar. Todos tenemos capacidad para sentir en mayor o menor medida, pero la capacidad de observación requiere de una disciplina que hay que formarla y practicarla y que, por el trabajo y la dedicación a la que obligan, no está al alcance de todos o, más bien, casi nadie está dispuesto ya a ejercitarla.
Así, los continentes y contenidos de los centros de arte contemporáneo responden cada vez más a la sociedad del espectáculo compitiendo el edificio con la obra que alberga: el edificio reclama con sus formas espectaculares y las obras no pueden quedarse atrás en una dura competición. Sin embargo, hay una nueva forma de arte mucho más sutil y silenciosa: el trabajo de los responsables de los centros de arte, de los galeristas y de los comisarios. Hasta hace relativamente poco tiempo, las obras de arte se exponían siguiendo, normalmente, un criterio historicista: por épocas o por movimientos. Pero, igual que el arte ha dejado de ser historicista, ha dejado de representar para expresar, su exposición, forzosamente, ha dejado también de serlo.Un buen ejemplo de esta reflexión lo tenemos en la exposición José Guerrero. Los primeros años. 1931-1950, que se presenta en el Centro José Guerrero hasta el 11 de enero de 2009.

Los primeros pasos de este pintor han sido siempre uno de los aspectos más desconocidos para la gran mayoría de crítica y público. Comprensible, si se tiene en cuenta que no fue hasta los cuarenta años cuando despertó el interés de los entendidos en los entonces lejanos Estados Unidos. Lo que vino después suele ser de dominio público para sus seguidores. Pero todo artista tiene un comienzo. La exposición demuestra cómo algunos de los aspectos de sus primeras pinturas han permanecido invariables, los colores vitalistas y expresivos o la presencia continua de elementos como cruces o palomas.

La selección de la obra refleja las preocupaciones e intereses del pintor en los años objeto de estudio, así como la evolución de su lenguaje desde la figuración hacia la abstracción. La muestra se ha organizado atendiendo a los sucesivos viajes del artista, lo que produce una serie de conjuntos significativos de trabajos realizados en los distintos escenarios geográficos e históricos en los que transcurrió la vida de Guerrero, guiada por su determinación de aprender el arte y la modernidad: Granada, Madrid, París, Suiza, Roma, Bélgica y Londres.
Al ser la suya una subjetividad muy permeable tanto a los espacios como a los ambientes culturales, la producción paisajística y el impacto recibido de los estilos artísticos del momento testimonian no sólo su experiencia, sino también la de la época que le tocó vivir.

2 de enero de 2009

EL APRECIO DEL DIBUJO COMO GESTO


"de Isabel", 2008

"...Hay que aprender a ver, hay que aprender a pensar, hay que aprender a hablar y a escribir. La meta de estas tres disciplinas es una cultura refinada. Aprender a ver: acostumbrar el ojo a la calma, a la paciencia, a dejar las cosas venir a él, a suspender el juicio, aprender a dar la vuelta a lo particular y a captarlo en su totalidad...”
Eckhart, El aprendizaje de la mirada


El aprecio del dibujo como gesto, preparación y proceso, surge nuevamente cuando la materialidad del objeto de arte atraviesa un reajuste en la década de los sesenta y setenta del pasado siglo. El dibujo se liberó entonces de los confines de la página, expandiéndose a las paredes de la habitación, y alcanzó a revelar la acción del dibujante en performances. Además, continuó utilizándose el lápiz y el papel como medio convencional para transcribir ideas en las obras de arte conceptual. El dibujo prosiguió con los postconceptualistas de los ochenta como medio preferido para convertir acciones artísticas en objetos concretos. Pero en los noventa la situación cambió, afortunadamente, y el dibujo se alejó del concepto de proceso y comenzó a adquirir un valor predominante como obra completa y autónoma.


Esta situación moderna del dibujo debe afectar de varias maneras al aprendizaje del artista. Hemos asistido en los últimos años a una enseñanza del dibujo enfocada tan sólo como instrumento preparativo de la pintura y para el conocimiento de la forma. Era un auxilio en la formación del artista y utilizado en el diseño como medio de comunicación, siendo arrinconado por el dominante uso de la computadora. Las manifestaciones del dibujo arquitectónico, la ilustración y el cómic eran rebajadas a expresiones indignas de llamarse arte. El concepto de ilustración y decoración adquirían un significado despectivo. Se desacreditó la disciplina académica que abarca el dominio de los valores formales del claroscuro, de la proporción, del conocimiento del dibujo anatómico, la figura humana, abandonándose las técnicas tradicionales, privando al alumno, al desconocerlas, de una amplitud de recursos.

El dibujo está en la base de la representación pero no simplemente como un auxiliar artesanal lineal de contorno, sino como un proceso mental involucrando la percepción de la realidad y el método de consolidar sobre la superficie bidimensional o tridimensional las tensiones del entorno tanto en luz y color, formas y proporciones, como en emociones y sentimientos.

Ahora, además, se asiste a una revalorización del dibujo como producto final atendido como obra de arte digna de ser mostrada. Desde la década de los noventa, los artistas vuelven al uso de los materiales tradicionales de dibujo inmersos en una representación figurativa, transfiriendo sobre papel o la pared ideas e historias, metáforas y alegorías de las preocupaciones cotidianas.

1 de enero de 2009

I MUESTRA INTERNACIONAL DE ARTE EFIMERO

http://www.sporaarteefimero.com/#

Spora ha planteado la difusión de proyectos de arte contemporáneo mediante intervenciones en distintos ámbitos de la ciudad de Granada. Los artistas han sido invitados a crear obras in situ para espacios al aire libre (La fuente de las Batallas, la fachada del antiguo cine Aliatar, etc.) y para espacios interiores (tan sugestivos como el Bañuelo), reflexionando sobre sus diferentes significados culturales y sociales.
Ciertamente, en una obra preparada para un lugar específico, las características formales como, por ejemplo, la escala, vienen determinadas por la topografía del lugar y requiere un análisis del contexto en donde se van a presentar, son obras que deben enfatizar el diálogo entre el lenguaje de la obra y el propio lenguaje del espacio donde se ubica.
El significado de los monumentos urbanos, tanto si son intencionados como si no, tanto si son históricos como contemporáneos, deben garantizarse hoy mediante la capacidad de los habitantes para proyectar y centrar sus pensamientos y reflexiones críticas en torno a sus arquitecturas. No hablar a través de esas estructuras supone abandonarlas y abandonarnos a nosotros mismos, perdiendo tanto el sentido de la historia como del presente.
Hiltrud Schäfer ha elegido emplazar su instalación Imágenes del hombre en el interior de las salas del Bañuelo. Multitud de pequeñas figuras de papel, ejecutadas a partir de fibras naturales, trabajadas con antiguas técnicas artesanales orientales, se encuentran suspendidas de diminutos alfileres a los viejos estucos musulmanes. Las imágenes sutiles que proyectan sus sombras en la atmósfera de penumbra, a modo de huellas o presencias activas que despiertan desde un lejano pasado, junto al fondo teatral del baño, consiguen generar un ambiente lleno de dramatismo en el que el espectador se sumerge extasiado. A mi juicio, lo más conseguido de todo lo que he visto.

Impresiones de un viaje por la Tierra del Fuego y el Parque de los Glaciares, Argentina, Polo Sur.


La primera etapa del viaje fue Tierra del Fuego. A mí me hacía mucha ilusión por eso de ir casi al final del mundo y por eso de ver a los pueblos indígenas que deben quedar por esos lares, pero resulta que el Fin del Mundo Sur está a la altura de Dinamarca en el Fin del Mundo Norte; además con el rollo de la "colonización penal" (o sea, mandar allí abajo a los más malotes del país, porque si no a ver quién es el guapo que baja pa'llá) se cepillaron en cuarenta años a todos los indígenas (cuatro tribus completas: a saber, los ona, los tehuelches, los yámanas y otros con un nombre más largo que no recuerdo). El guía argentino disculpó a sus congéneres diciendo que si habían pillado la sífilis sería de comer mejillones. Bueno, pues como los cuatro señores más asesinos, de entre los sacaentrañas que mandaron, parece que no hacían muchas migas con las señoras asesinas que también habían mandado para que repoblaran aquello, entonces... se inventaron el turismo!!
Por cierto, antes que todo esto, aunque no mucho (la fundación de estas ciudades es de mil ochocientos y medio) hubo un señor inglés (que a saber lo que habría hecho en su país porque se autocondenó a estar allí abajo solo, le faltaría raigambre, digo yo), que, en cuanto puso el huevo en la zona más pegada al Atlántico, decidió que unas veinte mil hectáreas estarían bien para empezar a dar de comer a unas cuantas ovejillas que se había traído de su patria, cuyo clima y alrededores no iba a echar mucho de menos (de hecho, el paisaje es el mismo que el que vi en el norte de Escocia) y allí se quedó, diciendo que era pastor de la Iglesia Anglicana y que venía a traerle el Cielo a los otros cuatro indios que, ya digo, tardaron poco en subir al mismo.
El paso del tiempo le hizo al hombre prosperar, que en ese lugar del mundo es fácil por la falta de competencia (a ver qué españolito valiente se iba a quedar allí teniendo todo continente para elegir india y palmera) y por supuesto se hizo muchirrico, latifundista (toda la esquinilla del mundo, nada más y nada menos) y cuentista como muchos de los de por aquí (eso sí que debe ir en los mejillones) y tener una descendencia que se fue a "colonizar" otras partes del mundo como Sudáfrica y Australia. En fin, un nietecillo suyo se casó con una güiri que pasaba por allí, que buscaba ballenas y pajaritos frioleros y que se enamoró del concepto "aislados del mundo" hasta sus máximas consecuencias. Montó un museo de mamíferos marinos con las pobres ballenas perdidas por el estrecho de Beagle en su rumbo a la Antártida y ahora tiene un chiringuito que se mantiene a costa de los románticos becarios (así va el mundo, con tanta filantropía frustrada) que bajan allí a pasar los veranos, seducidos por un lugar ignoto de un mundo en el que ya no queda de eso (el turista violador es un ser sobrenatural, la esencia misma de la ciencia infusa). Bueno, además de esto ves unos cuantos leoncillos marinos (¿focas?), cormoranes (¿pingüinos que vuelan?) y pingüinillos (esos de verdad, a pesar de ser unos animales de nombre equivocado, ya no me acuerdo por qué). Y una ciudad, Ushuaia, que se contrae y dilata en función de las estaciones, no sólo del hielo. Parece ser que el verano despliega sus casas, pero en invierno y con la más fresquita todavía, los camiones recogen las casas y las apiñan todas juntas a ver si del roce les da más calorcillo. Por esta circunstancia, las casas están construidas de chapilla, que digo yo que aísla poco, se oxida mucho y refleja el sol más, aunque seguro que alguien podrá darme una explicación más coherente a este hecho. La ciudad tiene un gran puerto, y las colinas llenas de árboles y unos árboles de altura limitada, la que le permite una temperatura máxima de diez grados en verano, que los árboles no pueden crecen más (esto lo he aprendido en estos tiempos de non fare niente, ma leggere molto). En definitiva, merece la pena el paseo, que son tres horas y media de avión desde buenos Aires,to pa'bajo, cualquier cosa)...

Lo de los Glaciares es un espectáculo, y lo de la recua de gente que va a verlos, también. En fin, intentando, en un alarde de alienismo agudo, ver más allá de las cabezas y las máquinas de fotos (estoy segura de que hay quien ha visto glaciares de 120 m de altura encerrados en una mirilla de 3 cm y ni siquiera ha levantado la cabeza) me encontré un paraje sobrecogedor. Y así decían que estábamos en todo el planeta, hace unos añillos nada más. Lo que más me interesó fue la Declaración de Monumento Natural de la Humanidad, con el fin de recordar lo que alguna vez fue la Tierra. Vaya, un sitio con un frío terrible, de un color azul aguamarina intensísimo y unos crujidos apocalípticos cada vez que un simple cubito de hielo se desprendía. Alucinante.

El siguiente punto de destino fue Calafate: una ciudad turística, no sólo por su finalidad y máxima ocupación, sino porque no hay otra y no estaría allí si no fuera por esa razón. A pesar de su sentido de vivir, han decidido ponerla a ochenta kilómetros de la entrada al Parque Nacional Los Glaciares porque había gente que se fue a establecer allí sin saber más que conducir, y a esos también había que darles trabajo, aunque fuera organizándolos en cuadrillas de autobuses para güiris. Desde que se llega a la ciudad (Calafate está a sotavento de los Andes, los glaciares crecen hacia esa parte oriental de la Cordillera, que por los vientos föehn está pelá y mondá) todo es un puro monopolio: los autobuses, los barcos, los guías, y los crampones para subir caminando por el Perito Moreno, que subimos.
La primera visión del glaciar Perito Moreno, al girar una curva de la carretera que rodea la parte sur del Lago Argentino (el que se ha formado por el deshielo de este Campo Glaciar Patagónico del Sur) es impresionante, sin más apelativos. Entonces se observa una cortina azul “celeste-glaciar” que baja a modo de telón ceruminoso entre dos montañas. Pero en el telón se han gastado mucha tela y la vela era cirio muy pascual. Han hecho unas plataformas para que la gente pueda quedarse extasiada, mientras pega prácticamente la cara al glaciar, mirando con ojillos maliciosos a ver si éste rompe mientras uno está allí. Y ¿qué rompe?. Pues resulta que el Perito Moreno es el único glaciar que se encuentra en equilibrio. Eso es que no va para atrás (retroceso) ni para adelante (avance), pero que ahí está. Pues el Perito Moreno es bífido y en su crecimiento se extiende por las dos lenguas que le deja el lago dividido a su vez por la península (de Magallanes, aunque éste pasó más lejos de aquí todavía). Total que cuando llega a la península, crece, crece y la presión del agua del lago izquierdo (que drena a su vez por el derecho) va horadando un túnel en la base de esa extensión del glaciar, túnel que va subiendo hasta un punto en el que colapsa, y entonces se oyen las campanas del Apocalipsis, se forma una ola que realmente asusta (estamos siempre en un lago, eh?!) y los barquitos del ínclito amigo de los Kirschner, René Pérez Guachipongui, dueño de los barcos que te pasean por el lago (del Parque, y de media Argentina, me figuro yo) se las pelan para darle a los motores pa'trás no vaya a ser que a algún güiri gordote y pudiente se le vaya a mojar una ceja, que el agua está, además de lechosa por la arenilla glaciar, fresquita. Digo pudiente porque la excursioncilla por todo este lugar del mundo tiene esa premisa, las cosas como son.
En estos sitios la raza humana quieras que no se homogeniza. Somos más raza, o especie, como se quiera. Compartimos el clic de las cámaras al unísono, en sinfonía espiritual con el paisaje, compartimos la indefensión ante el saqueo de los autóctonos y sólo competimos para ver quién tiene el objetivo más grande. En fin, el paseíto por el Perito es un puntito. Yo, con mi habitual miedo panfilón, un poco más y me caigo sesenta metros para abajo en una brecha de azul atrayente y evocador, pero menos mal que siempre hay un galante turista para echarte una mano. En fin, que lo pasé estupendamente, nos dieron un whiski 'on the rock' cortado a piolet y un alfajorcillo para que no creyéramos que estábamos en Islandia.
Y luego el gran día de los Glaciares. Verás, es que el Perito Moreno es sólo la cuarta parte de los demás, que son un montón, están al norte de éste y no tienen su fama porque ni crujen tanto ni te puedes subir encima. Bueno, aquí casi me quedaría sin palabras si no fuera porque esto del sabático tiene mucho de recogimiento y un mundo interior por estallar a modo de supernova. En fin, entonces llegué a sentir lo que Admusen si hubiera llevado más gente en su expedición (pero un montón más, claro) y conquistamos el Polo Sur. Nos enfrentamos a los vientos de hielo, a las tempestades catabáticas (viento que baja por los valles, drenando el aire frío de las cimas de las montañas, vide asignatura de Geografía Física pal body) y los icebergs esparcidos alrededor del barquito chiquitito... y a los humos de la gente, que ni en semejantes circunstancias dejan de fumar.
El Glaciar Upsala es un discreto glaciar del tamaño de la Provincia de Buenos Aires, que a su vez es del tamaño del Estado Español a pesar de las autonomías y que parece no una cortina cualquiera de baño, no, sino el telón del Fin del Mundo. Como este glaciar no llega al fondo del lago, el agua va empujando hacia arriba, y cuando dice de romperse, lo hace de tres en tres kilómetros de largo por los diez que tiene el ancho de su frente (¿pero puede tener algo unas dimensiones así?), y va dejando un mar (lago) de icebergs enormes, que asoman sólo el 15% de su superficie, que tardan en derretirse alrededor de tres meses y que en cualquier momento pueden darse la vuelta para recuperar el equilibrio. Magníífico, espectacularr, buennísimo, hherrmoso, ..., adjetivos que esta gente dice para todo pero que deben haberlos sacado de sitios así. Y es verdad, esta vez sí. Lo último que presenciamos antes de volver de la expedición fue una rotura de base del Perito Moreno, esto es, una ballena gigantesca de color aguamarina transparente que surgió a pocos metros del barco, que emergía y emergía y compungía los corazones de los hombres, bravos, pero muy chiquitillos al fin, comparados con el cachalote azul que dio varias vueltas alrededor de su eje hasta que encontró la postura y descansó. Y levantó una ola y sonó. Y era un susto magnético. Y me encantó. Y fin.

30 de diciembre de 2008

La doncella, 2008, Clase señor Z. ténica mixta, 50x30









La doncella, sin mirada, nada escucha ni prefiere: absorta está en sus angustias, que nada saben ni quieren. Absorta en nada, en su seno, tan dulce y amargamente."


Dionisio Ridruejo. Cortejo de la naturaleza

DEL COLOR, DE LA LUZ, DE LA MATERIA...

Libro de artista. 2007

COMPAÑEROS!, todos a la piscina


No queda más remedio, hay que tirarse a la piscina, eso sí, previo empujón del señor Z que si no... y es que esto de hablar en presente de "subjetivo" no está hecho para algunos, abandonar la crisálida tiene sus riesgos, pero en fin, ¡que salga el sol por Antequera, y vamos adelante!